Nuevos vinos blancos de la Argentina

En nuestro país mucho se habla de tintos, pero pocos notan que los vinos blancos están revolucionando su estilo y apuestan por otros gustos y formas de cautivar. Cómo son y cuáles probar para conocer su renovada faceta.

NUESTROS RECOMENDADOS
Para probar algunos de los mejores exponentes de esta nueva movida, agendate los 10 que van a continuación. No son los únicos, pero sí una primera hoja de ruta estilística sobre los nuevos blancos argentinos.

Latitud 33º Chardonnay 2010 ($28)

Entre los blancos de precio accesible aparece esta joyita de bodegas Chandon, elaborado con uvas del Valle de Uco, que ha ido soltando su paso. Un Chardonnay en toda ley sin rastros de fermentación maloláctica, por lo que conserva una acidez fresca y vegetal que le da nervio, y cuyos sabores son frutales y sencillos. Es el tipo de producto que quisieras para una picadita de quesos improvisada en casa, o del que se pueden tener unas botellas en la heladera para descorchar al primer antojo.

Callia Reserve Torrontés 2010 ($30)
Elaborado con la variedad Torrontés Riojano, este blanco de Callia tiene el doble mérito de ser sanjuanino de origen y de aportar un estilo directo y sin pliegues, que suma (y mucho) a la hora de beber. Fue lanzado en 2010 y de inmediato llamó la atención de los consumidores por su buena relación calidad precio, algo que esta casa sabe hacer bien. Se destaca por sus intensos aromas tropicales –con una evidente nota de ananá-, exuberancia que contrasta con la austeridad de boca y el paso delgado y ligero.

Telteca Roble Chardonnay 2010 ($35)

Finca Agostinos es una bodega de capitales canadienses que en Barrancas, Maipú, tiene sus principales viñedos. Precisamente de allí proviene este blanco refrescante, que al paladar es la modernidad envasada: tiene el paso refrescante y una ligerísima untuosidad, en la que la vainilla del roble actúa como un condimento que le da gracia. Bien hecho, su acidez alta le adelgaza el paso y le da nervio. Una buena opción para acompañar ensaladas y piqueos de quesos.

Norton Sauvignon Blanc Roble 2010 ($36)
Elaborado con uvas de Agrelo, este varietal de Norton consigue ser una avanzada en materia de Sauvignon, por su leve y apenas perceptible paso por roble (tan sólo el 10% del vino) que le aporta un inusual volumen en la variedad. Es vegetal y ofrece una notable presencia de ruda y trazos tropicales que recuerdan al maracuyá. En boca tiene una acidez dominante y resulta nervioso al tacto. Rico y apabullante, en la mesa acompañará bien comida mejicana o platos de mar.

Lurton Pinot Gris 2011 ($38)
Campeón de los blancos fáciles y refrescantes, el Pinot Gris es un varietal que gana terreno en Argentina. Se lo emplea para hacer vinos ligeros, chispeantes y de paladar jovial, exactamente como es Lurton: antítesis de un blanco formal, las uvas son cultivadas en las alturas del Valle de Uco, de donde obtiene una expresión aromática abierta y desenfadada. Ideal para beber sólo, como aperitivo o con mariscos.

Los Cardos Sauvignon Blanc 2011 ($42)
Doña Paula hizo punta (y escuela) con el más chillón de los varietales clásicos. Un poco porque trajeron el expertise de su casa matriz –Viña Santa Rita, Chile- y otro poco porque aquí la variedad estaba relativamente vacante, con productos desleídos, hasta que apareció Los Cardos. Ultramoderno, está elaborado con uvas de Tupungato, es acerado y ofrece una aromática intensa y vegetal (ruda), junto con trazos tropicales que le da buena profundidad. Refrescante, es el tipo de blancos que cuando lo probás no te olvidás más, por su actitud nerviosa y textura tersa y suave, y por su baja graduación (12%).

Amalaya Corte 2011 ($45)
Con procedencia salteña, este vino es mayoritariamente Torrontés (de Cafayate), con un raro corte de Riesling, la variedad de uva alemana por excelencia. Ahí está la nota distintiva: la nueva bodega Amalaya logra hacer un vino modernísimo apelando a la vieja escuela de los cortes. De una aromática punzante, presenta notas florales y de cítricos maduros. Voluminoso, su principal virtud está en la boca, con buena estructura y acidez integrada. La novedad está en ofrecer un Torrontés con cuerpo que no resigne frescura. Perfecto para acompañar platos árabes como sfihas o quepes.

Alamos Chardonnay 2010 ($48)
Hay que saber que Catena basó su estrategia de crecimiento en dos variedades a fines de los 80: Cabernet Sauvignon y Chardonnay. De este último la casa hizo vinos maravillosos, y los sigue haciendo ahora con uvas de Valle de Uco, como en este caso. Un blanco aromático, intenso y untuoso, que combina lo mejor de los estilos opulentos en una nota de vainilla evidente y leves trazos ahumados, junto con una boca que es pura intensidad, con paso tirante e importante acidez. Rico, como para acompañar pescados grillados o con crema.

José Luis Mounier Torrontés 2010 ($60)
Pocos enólogos saben tanto de Torrontés como José Luis Mounier. Con una vida en los Valles Calchaquíes dedicada a su elaboración, cada temporada saca uno con alguna novedad gustativa. En este caso, deslumbra por la rara combinación de tipicidad varietal –la nota de jazmín y cítricos maduros- en contrapunto al paso envolvente y estructurado que podría tener un Chardonnay de la vieja usanza, con untuosidad, volumen y frescura. Es un vino que abre un paréntesis en el universo Torrontés. 

Ramanegra Chardonnay Reserva 2009 ($100)
La flamante bodega Casarena –antes Filippo Figari, ubicada en Luján de Cuyo- pertenece a una sociedad inversora de capitales nacionales y extranjeros. Este año lanzaron sus vinos al mercado, elaborados por la enóloga Gabriela Celeste, y su Chardonnay ya da que hablar. Punto medio entre los clásicos maderazos y la nueva cantera de blancos frescos, ofrece una aromática compleja de fruta blanca, con destellos de roble y pasto, que al paladar entra apenas untuoso, con paso elegante y acidez moderada. Moderno a su manera, acompaña bien unas pastas al tartufo.

LO QUE VIENE: UNOAKED WINES
Parte de la tendencia hacia blancos más ligeros está representada en nuestro mercado por dos vinos que en sus etiquetas proclaman no usar roble (oak): La Linda Chardonnay Unoaked 2010 ($42) y Terrazas Reserva Torrontés Unoaked 2010 ($65). Un tipo de aclaración que suele ser exactamente al revés –por regla general se especifica el paso por madera, que prestigia-, pero que en materia de blancos hoy indica frescura y elegancia. Los Unoaked forman una suerte de categoría contestataria, que busca darle relevancia a la frescura y frutalidad del vino, dejando atrás los excesos de vainilla, caramelo y untuosidad, que empalagan. En el mundo, hay un puñado de buenos ejemplos, como Chehalem Inox Willamette Valley Chardonnay, Kim Crawford New Zealand Unoaked Chardonnay o Mer Soleil Silver Soleil Vineyard Santa Lucia Highlands Unoaked Chardonnay.

Por Joaquín Hidalgo

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Recomendaciones de Merlot

Después de que su popularidad cayera en picada, esta uva con larga tradición vuelve, lentamente, a unirse al bando de los buenos.

Para que no metas la pata, a continuación te recomendamos 10 etiquetas para que puedas romper la espiral de silencio y te dejes seducir por la más sensual de las uvas tintas.

Norton Mil Rosas 2010 ($20)
No todo es tinto en materia de Merlot. Y este rosado, precisamente, es el más canchero entre los varietales. Chispeante, apenas dulzón, de partida el nombre describe su principal cualidad: su riqueza aromática lo hace único, cargada de frutos rojos. Para empezar a conocer de Merlot, en nuestro mercado es un paso obligado. Y con una picadita de quesos con brie, gruyere y morbier, forma el ABC para el no iniciado. 

Ikella Merlot 2008 ($35)
Bodega Melipal es un caso curioso. Ganó fama con su Malbec, pero en un medio donde todas las bodegas tienen uno bueno, pronto se diferenció con este Merlot, que la consagró como bodega. Ikella es accesible y representa una nueva cara para el varietal: un tinto que combina a la perfección el estilo cargado de tintas de la moda actual, con una solapada ligereza que lo hace veloz y consistente al paladar. Resulta ideal para acompañar una carne al horno bien adobada. 

Andeluna Merlot 2007 ($47)
El Valle de Uco es una de las zonas que está dando que hablar en nuestro medio para el Merlot. En su parte alta, hacia los 1200 metros, con un manejo algo protectivo se consigue que las uvas maduren bien y conserven el perfume frutal del cassis, combinadas con notas especiadas. Este es el caso de Andeluna, que se hizo famoso entre los entendidos justamente por su logrado perfil intenso y refinado a la vez. Si querés conocer cómo es el costado potente del varietal, buscalo.

Humberto Canale Estate 2008 ($55)
La bodega rionegrina es, de las nacionales, la que tiene un currículum de éxito más largo en materia de Merlot. Desde la década del 80 Marcus es uno de los grandes vinos de la góndola cotidiana. El secreto son sus viejos viñedos en el Alto Valle del Río Negro, una zona fría que da algunos de los mejores ejemplares del país. Pero desde 2008 tiene un serio competidor dentro de la bodega: Canale Estate, más arriba en precio, es un tinto rico y perfumado, con ligeros trazos de roble que le dan relieve. Te va a gustar por su frescura y paso resuelto.

Giménez Riili Perpetuum 2007 ($72)

Esta bodega está ubicada en el Valle de Uco y acaba de inaugurar sus nuevas instalaciones. Pero las uvas están ahí desde hace unos 60 años. Por eso este Merlot es equilibrado y diáfano, con una nota frutal y vainillosa en la nariz, que te va a invitar la primera copa. De la segunda no nos hacemos responsables: ya que su tacto de seda es envolvente y acelera el paso por tu boca. Si buscás un vino poco conocido con el que lucirte, acá tenés un ejemplar perfecto.

Catalpa Merlot 2007 ($80)
Bodega Atamisque, ubicada también en Alto Valle de Uco, tiene dos grandes virtudes: una es estética, ya que su arquitectura Alpina, con techo de lajas, deja sin aliento al visitante; y la otra es este gran Merlot. De una finesa difícil de conseguir, el vino se presenta delicado, con perfume de frutas bien evidente, y algunos detalles especiados; en boca es elegante y sensual, con una acidez ricamente marcada que le da vida y larga persistencia.

Verum Reserva 2007 ($85)
Una nueva bodega, del Río Elorza, elabora uno de los Merlots patagónicos más sabrosos. En su elaboración participan el consejo experto de Alberto Antonini, el enólogo consultor italiano más renombrado, por lo que este Merlot tiene clara voluntad cosmopolita. Pero el frío del Valle, sus suelos medianamente pesados y la buena irrigación, hacen que su secreto esté en el equilibrio: no le sobra ni le falta nada. Lo suyo es el balance y la rica persistencia en el paladar. Es uno de esos raros vinos cuya botella se termina siempre antes de lo previsto.

Finca La Anita 2009 ($187)
La bodega de Manuel Mas fue siempre reconocida por su Merlot. Y no es para menos. Se trata de un vino fragante, que no destaca por su intensidad, pero sí por su rica nariz frutal, en la que el cassis y el membrillo son notas dominantes. Al paladar, el vino es cordial como una buena conversación de amigos, y se bebe sin prisas ni pausas. En eso, la uvas de Agrelo, Luján de Cuyo, le aportan la cuota de taninos finos y paso jugoso. Rico. Es un vino ideal para acompañar un risotto de hongos.

Mainqué Merlot 2007 ($210)
Es una de las figuritas difíciles de este listado. Sucede que bodega Chacra, ubicada en Mainqué, Río Negro, todo lo elabora y vende a cuentagotas y su Merlot no es una excepción. Concentrado, pero a la vez elegante, con un paso fluido y jugoso por la boca. Es el tipo de vino que, si uno fuera adinerado, adoptaría como vino mascota y descorcharía cada vez que hubiera alguien para homenajear. Así de sencillo. 

Weinert Estrella 1999 ($300)
Único en su especie, este Merlot representa la cumbre de una bodega que dedicó su trayectoria a elaborarlos: ningún bebedor podría decir que los Merlots de Weinert se parecen al resto, son vinos clásicos en toda factura, con una frutalidad contenida, ya que se reconocen por sus aromas y sabores más evolucionados. Y entre ellos, el Estrella es el ejemplar más perfecto. Sus uvas provienen de un viejo viñedo en Ugarteche, Luján de Cuyo, y el vino fue criado en viejos toneles. De ahí su singularidad. El vino es el primer estrella elaborado por el enólogo suizo Hubert Weber que, de paso, hace un Merlot de autor delicioso: lo vas a conseguir como HB 2006.

por Joaquín Hidalgo

5 Vinos que dan mas de lo que se paga por ellos

El prestigioso sommelier Aldo Graziani, presenta en exclusiva para Vinos & Bodegas, una selección de vinos de bodegas consagradas y algunas perlitas.

• Alta Vista Atemporal 2008 – $75
Bodega Alta Vista, Mendoza

Un súper blend, interesante, concentrado y potente. Especiado, con notas de fruta negra y floral. Un gran vino con todo lo que tiene que tener y en su lugar, volumen acidez y paleta amplia de aromas y sabores. Tiempo de guarda hasta 2018.

• Lamadrid Bonarda Reserva 2009 – $66
Bodega Lamadrid, Mendoza

¡Qué rica bonarda! limpio, jugoso, dulce y muy amable al paladar, buena textura, no es súper complejo pero sí muy disfrutable. largo final. Tomar ahora.

• Alta Vista Premium Cabernet Sauvignon 2008 – $50
Bodega Alta Vista, Mendoza

Un Cabernet Sauvignon de los importantes, del lado de los frutos negros, balanceado, con cuerpo y taninos apretados, notas de pan tostado, riquísimo en boca con buena capacidad de guarda rica acidez, un distinto. Una Ganga. Tiempo de guarda hasta 2015.

• Aguijon de Abeja Cabernet Sauvignon 2009 – $43
Durigutti Wines, Mendoza

Otra ganga, otro Cabernet Sauvignon, súper amplio en boca, goloso, con notas de grafito, mineral y de linda acidez y taninos amalgamados. Largo final.

• Finca Perdriel Colección Syrah 2005 – $60
Bodega Norton, Mendoza

No es fácil encontrar Syrah como este en Argentina. Otro mundo, especias frescas, frutos negros, mineral, buen volumen y taninos firmes, largo final de especias, n tostados y acidez fresca y balanceada. Riquísimo hasta 2014.

Por Aldo Graziani

Sparkling Nights – Feria de Espumantes –

Sparkling Nights - Feria de Espumantes
Un encuentro con los mejores espumantes de la ArgentinaOrganiza: Planeta Joy

11, 12 y 13 de noviembre - 18 a 23 hs. - Hotel Panamericano, Carlos Pellegrini 551 Adquirí tus entradas en Ticketek

¿Cómo sacar un corcho sin sacacorcho?

Existen muchas maneras de destapar una botella de vino sin utilizar el tradicional utensilio.

Existen ciertas cosas que son fundamentales en nuestra vida cotidiana, pero sólo cuando nos hacen falta caemos en la cuenta de cuán importantes son. ¿Quién no se vio alguna vez desencajado por un celular olvidado en un taxi? Lo mismo ocurre con el sacacorchos. Un objeto que pasa desapercibido en el cajón de utensilios y que adquiere toda su relevancia cuando, frente a esa botella que atesoraste para una ocasión especial, no aparece por ningún lado. 

5 formas de solucionar este problema de la falta se sacacorcho

1. Con una percha
No tenés sacacorchos, pero sí tenés en el ropero una percha de alambre – esas poco resistentes que dan en las tintorerías-. Es tu solución. Sólo tenés que estirar el gancho de la percha y, con la ayuda de una pinza, doblar el extremo como un anzuelo. Introducís el improvisado utensilio entre el cuello y el corcho. Una vez que el alambre está unos milímetros por debajo del corcho, giralo para que el “anzuelo” presione la base y tirá. Ahora sí, a beber.

2. Con una guía de teléfonos
Cuando creíamos que las guías telefónicas ya no tenían ningún propósito, encontramos este método. Primero hay que remover el capuchón del cuello de la botella. Luego, golpear cuidadosamente la base de la botella contra la pared, protegida por la guía telefónica, que funciona como amortiguador. La misma presión del vino empuja el corcho fuera de la botella unos centímetros, lo suficiente como para poder sacarlo con la mano.

3. Con un zapato
El de Maxwell Smart era un teléfono, el tuyo, un sacacorchos. Es el mismo método de la guía de teléfonos, pero en lugar de utilizar el libraco para amortiguar el golpe, emplea un zapato. La clave está en sujetar la base de la botella al talón del calzado y luego golpear la suela contra la pared. En este video, el zapato es reemplazado por uan zapatilla, que también funciona.

4. Con un tornillo, un destornillador y un martillo
Nunca fuiste un fan de MacGyver y las herramentas no son lo tuyo, pero seguramente tenés un tornillo largo, un destornillador y un martillo de carpintero. Suficiente para descorchar una botella. Con la ayuda del destornillador, perforá el corcho con el clavo. Apoyá la base del martillo sobre la botella, de manera tal que el clavo quede entre las orejas metálicas. Con un movimiento de palanca tirá hacia arriba y listo. Mirá el video: 

5. Con un cuchillo serrucho
Es el método más peligroso, así que quien opte por esta téncica debe hacerlo con extremo cuidado. Consiste en introducir la hoja del cuchillo en el centro del corcho, con movimientos hacia adelante y hacia atrás. Luego, se debe girar la hoja igual que se gira el sacacorchos, haciendo presión hacia arriba. Mirá cómo se hace:

Sacacorchos

Desde que comenzaron a producirse comercialmente vinos en botellas de vidrio con tapones de corcho, se hizo necesario contar con el instrumento adecuado para abrir el envase sin derramar el líquido contenido. Hay referencias de la utilización del sacacorchos en el siglo 15 cuando se utilizaban como sacacorchos tornillos originalmente diseñados para limpiar armas.

Actualmente existe toda una variedad de sacacorchos en los cuales el diseño básico de tirabuzón se conserva (la palabra “tirabuzón” proviene del termino galo tire-bouchon= saca-corcho).

Partiendo de su versión mas sencilla tenemos los sacacorchos en “T” o de hélice los cuales son tan efectivos como la fuerza que requiera la botella y la que uno esté en capacidad de aplicar. Tiene el inconveniente de que, si el corcho se resiste a salir, de seguro se removerá el líquido en la botella y el riesgo de hacer un desastre se incrementa.

Los de doble palanca, algunos con hermosos diseños, son muy populares por la facilidad para retirar el corcho sobre una mesa .

Es muy útil y adecuado, aunque poco portátil, si es de calidad.

Los llamados screwpulls, que cuentan con una guía para permitir una entrada perfectamente vertical en el centro del corcho. Los de calidad permiten retirar el corcho en perfectas condiciones sin el más mínimo deterioro visible. Son un poco complicados de aprender a usar y bastante caros.

Los sacacorchos de laminas son usados para extraer corchos de botellas algo viejas. Poseen dos láminas delgadas que penetran limpiamente entre el tapón y la botella para liberar el corcho con un mínimo esfuerzo. Si se usa bien el descorche es rápido y limpio y en algunos casos se puede volver a colocarse el tapón, si se usa bien. No es conveniente para corchos muy viejos.

El sacacorchos de camarero o de “sommelier” es , para mi concepto, el mas práctico. También llamado “de impulso”, consta de una palanca que permite dar el punto de apoyo adecuado para extraer el corcho con un mínimo esfuerzo.  Esto siempre que el espiral y la palanca sean de la longitud adecuada al corcho. Si la palanca no es lo suficientemente larga habrá que jalar el corcho al final de su recurrido con el consecuente riesgo de fragmentarlo. Existen unas variantes de este sacarcochos llamada “pulltap” o de “dos impulsos” que consta de dos palancas, una superior y otra inferior, que permite mantener el corcho simpre recto sin perder el punto de apoyo.

Existen muchas variantes de sacacorchos, pero todos a la larga tienen el mismo concepto. Este tipo “camarero simple” es fácil de llevar no estorba en el bolsillo.

¿Qué tipo de sacacorchos es el que acostumbras utilizar?

POR QUÉ NO PODEMOS COMER SÓLO UNA PAPA FRITA

¿Alguna vez te preguntaste por qué es imposible comer sólo una papa frita? Según un estudio que publica la BBC es casi como fumarse un porro

Se ha comprobado que estos alimentos ricos en grasas son los que más contribuyen al aumento de peso y la obesidad, pero también son los más difíciles de resistir.

Los responsables, como podría pensarse, no son los carbohidratos que contienen. Una nueva investigación descubrió que lo que hace a estos alimentos irresistibles es que cada vez que los consumimos nuestro intestino produce una sustancia -similar a los compuestos que contiene la marihuana- que provoca nuestra conducta glotona.

Estas sustancias, llamadas endocanabinoides, se producen únicamente cuando consumimos alimentos grasos, afirman los científicos de la Universidad de California, en Irving. Tal como afirman los investigadores en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), (Actas de la Academia Nacional de Ciencias), el hallazgo podría conducir a una estrategia para reducir el ansia por los alimentos grasos bloqueando la producción de estas sustancias.

Cannabis natural

Los endocanabinoides son un grupo de moléculas grasas que, se sabe, están involucradas en varios procesos fisiológicos, incluido el apetito, la sensación de dolor, la memoria y el estado de ánimo.

Son sustancias similares al cannabis, pero producidas de forma natural por el propio organismo. Como estos compuestos actúan tanto en el cerebro como en el resto del organismo, desde hace tiempo están siendo investigadas por su potencial para tratar varias enfermedades y adicciones.

El nuevo estudio, llevado a cabo en ratones, encontró que cuando los animales comen un producto grasoso un grupo de células en su aparato digestivo comienza a producir endocanabinoides. Este efecto, sin embargo, no se vio con azúcares o proteínas.

El proceso, explican los científicos, comienza en la lengua donde las grasas generan una señal que viaja primero al cerebro y después hacia el nervio vago, un conjunto de nervios que va desde la faringe hasta el intestino. Allí la señal estimula la producción de endocanabinoides los cuales conducen a un aumento en las señales celulares que provocan el ansia por seguir consumiendo alimentos grasos.

Los científicos creen que este mecanismo involucra la liberación de compuestos digestivos vinculados al hambre y la saciedad, por eso sentimos el ansia por comer más.

“Ésta es la primera demostración de que las señales de los endocanabinoides en el estómago juegan un rol importante en la regulación del consumo de grasas” afirma el doctor Daniele Piomelli, profesor de farmacología y quien dirigió el estudio.

Respuesta evolutiva

Los científicos no saben porqué este mecanismo se desata únicamente con las grasas y no con otro tipo de alimentos, como proteínas o azúcares.

Pero el profesor Piomelli cree que quizás este proceso ha sido una respuesta evolutiva de los mamíferos. “Los animales tienen una necesidad imperiosa de consumir grasas que, aunque son escasas en la naturaleza, son cruciales para el adecuado funcionamiento de las células” explican los investigadores.

“En la sociedad humana contemporánea, sin embargo, las grasas están ampliamente disponibles y la necesidad innata de comer alimentos grasos ha conducido a la obesidad, la diabetes y el cáncer” agregan. Es decir, este mecanismo natural que alguna vez ayudó a los mamíferos a sobrevivir, ahora está provocando el efecto inverso.

Los investigadores creen que este hallazgo podría conducir a un tratamiento potencial para suprimir el ansiedad por comer alimentos grasos, por ejemplo con un fármaco que pueda obstruir la actividad de los endocanabinoides.